Puntuación:
El libro es una exploración humorística y perspicaz de los pequeños proyectos que llenan nuestras vidas, escrita por Robert J. Taylor. Combina ingenio, sabiduría y filosofía práctica, lo que lo convierte en una lectura amena y educativa para quienes disfrutan con los proyectos de bricolaje y las mejoras en el hogar.
Ventajas:El libro está bien escrito, es divertido y fácil de leer. Ofrece sabiduría práctica y está repleto de experiencias que se pueden contar, lo que lo hace perspicaz y entretenido. Los lectores aprecian el humor del autor y la sencillez de los conceptos filosóficos presentados. Se considera un gran regalo para quienes disfrutan con los pequeños proyectos.
Desventajas:Algunos lectores pueden considerar que el contenido es más relevante para quienes disfrutan con los proyectos de bricolaje, lo que podría limitar su atractivo para un público más amplio. Puede haber anécdotas personales con las que no todos los lectores se sientan identificados, especialmente si no se dedican a proyectos caseros.
(basado en 6 opiniones de lectores)
The Laws of Small Projects: Life Lessons Learned While Waiting for My Thumbnail to Grow Back
Humorística, sabia, literaria y breve.
Las leyes de los pequeños proyectos postula leyes inmutables sobre los pequeños proyectos que llenan el vacío en la comprensión humana dejado por los sabios Parkinson, Peter y Murphy hace medio siglo. Con varias viñetas graciosas, ilumina lo que los pequeños proyectos pueden enseñarnos sobre nosotros mismos y el sentido de la vida.
Aunque nunca se ha articulado hasta ahora, usted conoce de forma innata la verdad de La primera ley de los pequeños proyectos: NO HAY PROYECTOS PEQUEÑOS.
Inevitablemente -a propósito, por seducción o por arrogancia- asumirá un proyecto que está más allá de su competencia -después de todo, no hay nada más emocionante que trabajar en una curva de aprendizaje pronunciada-, pero esa no es una fórmula para obtener resultados rápidos, eficientes y sin errores. Su proyecto le llevará más tiempo del previsto. No tendrás todas las piezas o herramientas que necesitas para empezar. Claro que puedes buscar en el cajón de los trastos viejos, ese depósito omnipresente de decisiones retrasadas y promesas incumplidas, pero es una búsqueda inútil. ¿Esperabas que lo que necesitas se generara espontáneamente en ese revoltijo de galimatías? Es inevitable; tendrás que hacer al menos un viaje a la ferretería. Y una vez que te pones manos a la obra, los daños colaterales son ineludibles: el seductor peligro de las escaleras, la certeza de los derrames de pintura, el riesgo de pegarte los párpados con superpegamento y las sucias huellas dactilares que quedan en las paredes después de guardar las herramientas.
En el ajetreo de nuestras vidas modernas es difícil identificarse con la sabiduría del antiguo proverbio zen: cortar leña, acarrear agua. Esas sencillas tareas han quedado relegadas a un fin de semana en la cabaña y a los supervivientes de barba larga con camisas de cuadros. Los placeres sencillos de la vida se ven a menudo abrumados por la tiranía de nuestras listas de tareas pendientes. Es mejor reservar tiempo para no hacer nada, una práctica milenaria que está ganando popularidad.
Aun así, no deje que la desalentadora realidad de los pequeños proyectos le frene. Como los héroes míticos de la leyenda, sé valiente. Tu yo más grande y satisfecho se encuentra en las tareas que te entusiasman, esos proyectos que amplían tus competencias, en los que los errores son oportunidades de mayores logros, en los que el tiempo desaparece. Cuando consideras su potencial para hacer tu vida más plena, no hay proyectos pequeños.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)