Uno de los supuestos de las primeras investigaciones sobre el suicidio es que los sexos desean su propia muerte por razones completamente distintas. Las mujeres eran vistas como víctimas de su marcada emocionalidad y espontaneidad.
La conducta suicida masculina, en cambio, se consideraba una reacción racional a circunstancias vitales adversas. De este modo, el deseo de morir de los numerosos «mejores» grupos de edad se convirtió en el significante de una crisis cultural, una crisis altamente productiva que pretendía estabilizar los roles de género. Los supuestos estereotipados no desaparecieron en absoluto de la investigación y siguen impregnando a los sujetos suicidas hasta el día de hoy.
La autora analizó el discurso suicida austriaco en el periodo comprendido entre 1870 y 1970. Analizó fuentes científicas y periodísticas y también se preguntó cómo reaccionaron los afectados ante la oferta de una subjetividad suicida de género.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)