Health in the Highlands: Indigenous Healing and Scientific Medicine in Guatemala and Ecuador
Esta historia llena de matices, protagonizada por curanderos, comadronas, hueseros, brujas, médicos, enfermeras y los indígenas a los que atendían, demuestra cómo la historia cultural y política, la misoginia, el racismo y la racialización influyen en la salud pública.
En la primera mitad del siglo XX, los gobiernos de Ecuador y Guatemala trataron de difundir la medicina científica entre su población, trabajando para prevenir y tratar el paludismo, el tifus y la fiebre tifoidea con el fin de aumentar el bienestar materno e infantil y mejorar la salud en general. Basándose en una amplia investigación de archivo original, David Carey Jr.
muestra que las poblaciones indígenas de las tierras altas de ambos países tendían a adoptar un enfoque sincrético de la salud, combinando prácticas tradicionales y nuevas. En ocasiones, ambos gobiernos fomentaron -o al menos permitieron- dicha síntesis: incluso lo que consideraban una atención "no científica" era mejor que nada. Sin embargo, ambos gobiernos, especialmente el guatemalteco, despreciaron los modos de vida y las prácticas indígenas con un racismo explícito e implícito, llegando incluso a criminalizar a los proveedores de servicios médicos nativos y a experimentar con indígenas sin su consentimiento.
Ambas naciones tenían un gobierno autoritario, pero el de Guatemala era abiertamente dictatorial y tendía a tratar tanto a las mujeres como a los indígenas como sujetos que debían ser controlados y vigilados. Ecuador, por su parte, tenía una visión más pluralista de la unidad nacional, y obtuvo mejores resultados.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)