The Scoring of Early Classical Concertos, 1750-1780
En la época barroca, la mayoría de los conciertos eran -en el sentido moderno del término- música de cámara, para ser interpretados por un pequeño grupo de músicos, cada uno de los cuales leía una parte individual impresa o manuscrita. De hecho, los compositores a menudo esperaban que el solista fuera acompañado por un cuarteto de cuerda con un clavicémbalo u órgano como continuo.
Pero a lo largo de los treinta años siguientes a 1750, a medida que se desarrollaba el estilo clásico, el número de músicos comenzó a aumentar lentamente. Sin embargo, esto no ocurrió a un ritmo uniforme en toda Europa, ya que muchos conciertos siguieron interpretándose a una sola parte, e incluso en 1780 un conjunto con más de ocho o nueve cuerdas habría sido inusual. La noción decimonónica de que un concierto enfrentaba a un solista solitario con una orquesta sinfónica completa aún tardaría algunos años en desaparecer.
Al mismo tiempo, cambiaban las ideas sobre la forma, ya que el ritornello vivaldiano se metamorfoseó en la forma de concierto-sonata utilizada por Mozart y sus contemporáneos; algunas variantes poco convencionales aparecieron cuando los compositores se esforzaron por mantenerse al día de los últimos avances. Fue un periodo de innovación fascinante, en el que se escribieron cientos de conciertos.
Sin duda, no todos ellos pueden calificarse de «obras maestras olvidadas», pero entre ellas hay algunas obras muy bellas que sin duda deberían recuperarse. Se espera que los lectores de este libro se animen a explorar este repertorio relativamente olvidado.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)