Se trata de la única sátira de Juvenal realizada en forma plenamente dialógica: escenifica un diálogo entre Nevulus (un cliente que se queja de la falta de gratitud económica que le muestra su patrón, a pesar de los vigorosos servicios sexuales que le presta) y un personaje anónimo, habitualmente identificado como "Juvenal".
Este último, reducido al papel de "compinche" cómico, ya no tiene nada de la amarga indignación de las sátiras anteriores y se limita a aceptar las observaciones de su interlocutor sin acompañarlas de ningún comentario moral. El diálogo, muy amargo, expresa la visión irónicamente desesperada del satírico sobre la sociedad de su tiempo a la altura del tercer libro (comienzos del reinado de Adriano).
En el centro de la atención -como ya en las Sátiras 1, 3, 5, 7- está la degradación de la institución del "clientelismo", antaño honorable, pero ahora en pleno proceso involutivo y sin posibilidad de redención: precisamente por eso son inútiles las airadas protestas o las explícitas condenas utilizadas en otros lugares. Pesimismo absoluto: para Roma y sus célebres colinas, antaño emblema de una ciudad virtuosa y de un poder extendido por el mundo, ya no hay esperanza de salvación.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)