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Inherent Human Rights: Philosophical Roots of the Universal Declaration
Enfrentándose a los males de la Segunda Guerra Mundial y basándose en el legado de la Declaración de Independencia de 1776 y la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, un grupo de ciudadanos del mundo entre los que se encontraba Eleanor Roosevelt redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Adoptada por las Naciones Unidas en 1948, la Declaración Universal se ha traducido a 300 idiomas y se ha convertido en la base de la mayoría de los demás textos y normas internacionales de derechos humanos. Sin embargo, a pesar del éxito mundial de este documento, existe una desconexión filosófica entre lo que los principales teóricos han dicho que es un derecho humano y el texto fundacional del propio movimiento que defienden.
En Derechos humanos inherentes: Raíces filosóficas de la Declaración Universal, el filósofo y teórico político Johannes Morsink ofrece una alternativa a los supuestos contemporáneos. Morsink, uno de los principales historiadores de la Declaración Universal, remonta las raíces filosóficas de la Declaración a la Ilustración y a la repugnancia compartida ante los horrores del Holocausto. Defiende la perspectiva de la Declaración de que todas las personas tienen derechos humanos por el mero hecho de haber nacido en la familia humana y que los seres humanos tienen estos derechos independientemente de cualquier acción (o inacción) gubernamental o judicial. Al igual que los principios matemáticos, los derechos humanos son verdaderamente universales, no el producto de una cultura, un esquema económico o un sistema político concretos. Nuestra comprensión de su existencia sólo puede verse bloqueada por la locura y las falsas ideologías. Morsink sostiene que los redactores de la Declaración compartían esta visión metafísica de los derechos humanos. Al negar la inherencia de los derechos humanos y su naturaleza metafísica, y sacar los conceptos de la Declaración de su contexto histórico y filosófico, los estudiosos constructivistas y los activistas pragmáticos contemporáneos crean una niebla política innecesaria y potencialmente peligrosa. El libro disecciona cuidadosamente diversos modelos de derechos humanos y termina con una defensa de la visión cosmopolita de la Declaración frente a las acusaciones de utopismo irrealista y etnocentrismo occidental.
Derechos Humanos Inherentes se opone a la opinión imperante de que la Regla de Oro es la mejor defensa de los derechos humanos. En su lugar, pide que "sigamos el ejemplo de los redactores de la Declaración y liberemos la idea de los derechos humanos del ámbito de lo político y lo jurídico, que es donde los teóricos contemporáneos la han aprisionado".
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)