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From Hurt to Healing: A Theology of the Wounded
Mire a su alrededor en cualquier reunión - ya sea un evento deportivo, una reunión cívica, o un servicio de culto - y es probable que vea representantes de dos grupos de personas. Por un lado, habrá alguien que haya causado un daño grave a otra persona mediante maltrato físico, abuso emocional, victimización sexual, violencia o de cualquier otra forma. Por otro lado estarán los que han sido perjudicados precisamente por esos mismos males.
Aunque los dos grupos están inextricablemente unidos, y aunque con demasiada frecuencia se da el caso de que una persona puede ser a la vez maltratada y maltratadora, no obstante los dos grupos se presentan ante Dios con conjuntos de necesidades muy diferentes. En la teología cristiana, sin embargo, hemos abordado estas situaciones personales tan diferentes con un único vocabulario y una única solución. Tradicionalmente, sólo hemos utilizado el lenguaje del pecado para describir estas situaciones humanas tan diferentes. Es más, sólo hemos ofrecido una solución al problema, la transacción bidireccional del perdón de Dios a los pecadores. Sin embargo, cuando una persona daña a otra, esa acción no sólo viola la voluntad de Dios, sino que desata angustia y miseria en la víctima, marcando su alma. Tenemos razón al hablar de la necesidad de perdón del pecador, pero nos hemos olvidado de dar el siguiente paso: buscar la curación de las víctimas. Habiendo trazado el mapa de la salvación para los pecadores, hemos dejado que los que han sido víctimas del pecado encuentren su propio camino hacia la integridad y la paz.
Andrew Sung Park sostiene que es hora de que la Iglesia y su teología afronten este problema y trabajen para remediarlo. Es hora de dar un nombre al sufrimiento de los que han pecado contra ellos y de buscar su curación. Propone que el término religioso coreano han pueda servir de instrumento en este empeño. Aunque se trata de un concepto complejo, en pocas palabras hanpuede definirse como el daño psíquico y espiritual causado por la opresión y el sufrimiento injustos. A medida que la Iglesia trata de desempeñar su papel distintivo en la curación de las heridas del abuso y la violencia, la idea de hanpuede ser una herramienta poderosa. Puede permitir a los pastores y otros cuidadores explorar las profundidades de la angustia que experimentan las víctimas. Puede ilustrar el hecho de que, habiendo pecado tanto contra sus víctimas como contra Dios, los autores de violencia y abusos deben buscar la salvación no sólo pidiendo el perdón de Dios, sino también trabajando por la curación de aquellos a los que han hecho daño.
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Última modificación: 2024.11.14 07:32 (GMT)